|

A Noemí y Marcelo
a
fría tarde de julio caía lentamente, los débiles rayos
de sol se ocultaban acentuando aun más el frío de mi
alma, todo era pálido y descolorido... como mis
mejillas, miré por la ventana ... sólo vi árboles
desnudos y oí el parloteo de los pájaros abrigándose
unos con otros..esperando la hora de ir a dormir... Me
vestí lentamente, sin ganas, una falda larga, un pulóver
naranja, botas...peiné al descuido mis cabellos, ni pasó
por mi mente te ir a la peluquería para la ocasión, es
más, dudé si iría o no a esa reunión de amigos, sólo
conocía personalmente a unos pocos y no me unía con
ellos una gran amistad, apenas eran conocidos de
Internet, me maquillé sólo para tapar mi palidez y
disimular las ojeras de tanto llanto...dentro mío
escuchaba voces extrañas que me decían ...¡no vayas!...y
por otro lado parecía escuchar otra voz muy dulce que me
decía ¡vete!...después de librar una dura batalla con
esas voces que me incitaban, decidí que salir me haría
bien y ayudaría a liberarme de ese encierro que yo me
había impuesto.
Hacía pocos meses atrás había muerto mi mejor amiga, así
de golpe y fue algo muy difícil de asimilar, me sentía
sola a pesar de tener mi familia, todo ser humano
necesita de amigos con quien tener una confidencia,
pedir un consejo o brindar una mano para ayudar, pero
por más que buscaba consuelo, sólo encontraba vacío, ese
vacío que sentía en mi alma fue acrecentándose de a poco
por diferentes motivos que al acumularse hicieron
sumirme en la depresión total...me encontraba al borde
de un abismo al que muchas veces estuve a punto de
saltar...pero algo... una fuerza interior me lo impedía,
tal vez presintiendo que el destino me tenía preparado
algo que cambiaría mi vida, tomé mi abrigo negro y salí
casi sin ganas.
Dejé el auto en el estacionamiento y crucé la gran
avenida, el aire frío dio plenamente en mi cara como
queriéndome inyectar un poco de ánimo y ya era noche
cuando entré en ese bar céntrico donde se hacía la
reunión, fui la última en llegar y al traspasar esa
puerta sentí todas las miradas puestas en mi persona,
eso ayudó aún más a acentuar mi timidez, saludé a los
conocidos, me presentaron a desconocidos, permanecí
ausente y como autómata entre café y café, escuchaba sin
oír lo que me decían, crucé muy pocas palabras con los
que no conocía, aunque estaba físicamente allí, mi mente
estaba en otro lado, sacamos fotos todos juntos para
luego tener un recuerdo de ese momento, pero mi sonrisa
era forzada, casi de compromiso, así pasó el tiempo que
no parecía correr para mí, cuando llegó el momento de la
despedida, intercambiamos las direcciones de correo
electrónico y pensé que pasaría lo de siempre, irían a
morir en las libretas de nuestros respectivos correos.
La sorpresa fue muy grande cuando pocos días después
recibí un mail de uno de los nuevos amigos, sin saber
que con el correr del tiempo se convertiría en “mi
ángel” salvador, al que le debo muchísimas cosas, ese
amigo del alma, que todos merecemos, un hermano, gracias
a él descubrí que estaba viva, él me hizo ver que aun
tenía mucho para dar de mi misma, cosa que mi depresión
me impedía ver.
Ya pasaron más de tres años desde aquel día y todo lo
que viví desde entonces me parece mentira y es más de lo
que jamás me atreví a soñar...hace unos meses "mi ángel”
vino desde su provincia a visitarme y juntos tomamos un
café en ese mismo bar, pero esta vez fue todo diferente,
nos reímos al recordar aquella noche, hoy, esa lucecita
apagada de ayer, brilla con luz propia y si bien aun
extraña a ese otro ángel que está en el cielo, también
agradece a Dios que haya puesto otro ángel en la tierra
y en su vida...
El tiempo fue el encargado de decantar amistades y de
afianzar aún más esta hermandad que la siento brotar
desde lo más profundo de mi ser y hoy me pregunto si no
habrá sido mi amiga, que en el cielo, conversando con
Dios le pidió que me enviara un ángel para iluminar mi
vida y no sentir su falta, ¿quien dijo que los ángeles
no existen?
¡Muchas veces existen...en forma de amigos!...
 |